Cine nacional cumple 93 años


Pionero. El dramaturgo  guayaquileño Augusto San Miguel estrenó El tesoro de Atahualpa en los teatros Edén y Colón de esta ciudad, el primer film mudo nacional.


El jueves 7 de agosto de 1924 el dramaturgo guayaquileño Augusto San Miguel (1905-1937) estrenó en los teatros Edén y Colón de esta ciudad la película  El tesoro de Atahualpa, considerada la ‘iniciación de nuestro cine mudo’, con argumento, ambientes, costumbres y artistas ecuatorianos.

Ese acontecimiento motivó al periodista e historiador Hugo Delgado Cepeda a solicitar se declare esta fecha como el Día del Cine Ecuatoriano, como ocurrió el 17 de octubre del 2006 mediante decreto del ministro de Educación, Raúl Vallejo Corral.

La fecha sugiere mayor acercamiento a los pioneros, la evolución y los triunfos internacionales del séptimo arte nacional, como los que lideraron en 1924 el cineasta guionista y también actor Augusto San Miguel, gerente de la Ecuador Film Company y Roberto Saá Silva, director artístico: Evelina Orellana, Anita Cortés, Julieta Stanford, Erie Van den Enden, F. Zaldumbide y Manolo Vizcaíno.

La película  El tesoro de Atahualpa,  obra de Augusto San Miguel, se rodó en Guayaquil, Durán y poblaciones ubicadas a lo largo de la vía férrea.
Incluyó la construcción ferroviaria de la Nariz del Diablo y el argumento unió la Costa y la Sierra. La cinta en blanco y negro tenía una hora de duración. Otras películas de San Miguel fueron  Se necesita una guagua  (1924) y  Un abismo y dos almas (1925).

Al legado de San Miguel se incorporaron nombres de cortometrajes, documentales, películas de 35 mm, mudas y sonoras, coproducciones como las mexicano-ecuatorianas de moda en la segunda mitad del siglo pasado y, por supuesto, las más recientes que prueban el progreso del cine patrio y han obtenido galardones internacionales. Proponemos algunos títulos en esta nota que no es la historia ni el inventario oficial de lo que ha dado el país al mundo del celuloide.

Allí entonces  Guayaquil de mis amores,  de J. D. Feraud Guzmán y el camarógrafo Karl von Hauser;  Marihuana, veneno social,  del camarógrafo chileno Alberto Santana, que hizo otra sobre los piratas en Guayaquil y la rodó en el Cerro Azul;  Se conocieron en Guayaquil, con Paco y Elsi Villar, calificada como la primera película parlante nacional. El mismo Santana dirigió  La Divina Canción, con fotografía de Francisco Diumenjo.

Años después encontramos las populares coproducciones ecuatoriano-mexicanas  Romance en Ecuador, Conspiración Bikini, 24 Horas de Placer, Cautiva de la Selva, Peligro mujeres en acción, Contra viento y marea, En la mitad del mundo, El derecho de los pobres, Dos para el camino y Caín, Abel y el otro,  que reunieron a figuras de México y varios actores nuestros que conocían el oficio.

Tampoco hay que olvidar los nombres que recoge la cinemateca nacional, que incluye a visionarios productores y directores compatriotas y extranjeros: padre Carlos Crespi, César Carmigniani y más valores.

En la nómina de películas producidas en las últimas décadas citamos: La Tigra (1990), Entre Marx y una mujer desnuda (1996), Cara o cruz (2003) y 1809-1810 mientras llega el día (2004), todas de Camilo Luzuriaga, que también produjo las cintas de 16 mm tituladas Los hieleros del Chimborazo y Chacón maravilla; Sensaciones (Viviana Cordero, 1991), Ratas, ratones y rateros (Sebastián Cordero, 1999) y Un titán en el ring (Viviana Cordero, 2003).

De igual manera, Crónicas  (Sebastián Cordero, 2004), Qué tan lejos (Tania Hermida), Esas no son penas, de Anahí Hoeneisen y Daniel Andrade (2007) y Placer destructivo, del director y guionista René Jijón (2007). Hay otras producciones que sin la categoría de largometraje representan el plausible avance de nuestro cine y las artes audiovisuales en diferentes niveles.
Acercarse a esa riqueza es  recordar el Día del Cine Ecuatoriano.

Fuente: eluniverso.com


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