Noralma Vera


“fue el mejor momento de mi carrera, un privilegio bailar a lado de la figura que yo más he admirado, Alicia Alonso, ella es todo”.


“La danza es absolutamente espiritual”

“Creo que desde que abrí el ojo me gustaba bailar, lo hice desde muy pequeña”. Noralma, ciertamente era la bailarina de todos los eventos escolares, de todas las danzas que se presentaban en las ocasiones festivas de su colegio. Ahí, inconscientemente, dice, “ya empezaba a coreografiar”. Siempre estaba moviéndose. Aunque, la conciencia cierta de que quería ser bailarina no la tenía, hasta un día en que tuvo la oportunidad de ir con su padre a ver un ballet. Bailaba nada menos que Alicia Alonso, entonces fue cuando dijo “Oiga papito, eso es lo que quiero hacer”. Por supuesto en esos años y quizá hoy también, los padres no están para complacer a los hijos en todo, no se diga en estos avatares el arte. Pero tanto insistió que la llevó a la CCG, a la escuela de danza donde ya se habían cerrado las inscripciones. La alternativa era otra academia, que no le atrajo para nada, “no me gustó, simplemente no me gustó, creía que como en la otra decía ´cultura`, tenía que ser mejor”. Y tanta fue la insistencia que su padre consiguió que la aceptaran.

Empezó a estudiar con Kitty Skiilarides. “ Éramos un grupo como de doce, unas más, otras menos, apasionadas por la danza”. Kitty nos enseñó hasta que pudo o supo.
Arma entonces un espectáculo con la colaboración de todas las academias, para sacar fondos para viajar, pues, previamente había ido a una audición en Lima con el Marqués de Cuevas y debía ir a París para esperar que la convocaran. Lo cierto es que mientras aguardaba respuesta, la notifican de que había ganado otra beca, para de Londres. Va a estudiar en el entonces en Sadler´s Wells Ballet hoy Royal Ballet de Londres, donde permanece un año y medio.

De ahí brinca a París porque se entera de que había una audición. Consigue entrar a bailar en Les Ballets de France de Janine Charrat, tiene la oportunidad de hacer una gira por Europa. Al cabo de dos años regresa a Ecuador con su colega Julián Calderón. Realizan una serie de presentaciones en varias ciudades, como una forma de promoción. La primera llamada que reciben es de Portoviejo, y obviamente las circunstancias no eran las de la capital, bailan en una tarima, reciben poco dinero y eso desilusiona a su socio que se regresará a Costa Rica, su país.

Mientras tanto Noralma había armado maletas y estaba en Cuba. Audazmente llega al Ballet Nacional y se presente a Fernando Alonso, la aceptan en el elenco y, a decir de Noralma “fue el mejor momento de mi carrera, un privilegio bailar a lado de la figura que yo más he admirado, Alicia Alonso, ella es todo”.

En el sesenta y ocho “por huarishca, huiñachishca como era, y equivocada para colmo, sigo a mi marido y regreso a Ecuador” . Encuentra que en Quito solamente había la escuela de la CCE, de la que en poco tiempo, y gracias a Benjamín Carrión, se hará cargo. Pasa luego a dirigir el recientemente formado Instituto Nacional de Danza, que en un tiempo más bien corto lo deja y se traslada a Guayaquil.

Noralma sabe que su vida ha sido la danza, tiene presente en su memoria los nombres de Cleo Nordi y Víctor Gzovfky “un profesor fabuloso” de quien aprendió mucho. Y tiene, por su puesto, intacto el recuerdo de su vida en La Habana, donde “vio tantas cosas y estuvo cerca de personajes inalcanzables de la danza mundial”.

Genoveva Mora Toral

Fuente: mandragorateatro.org


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