Pensar la danza, pensar el teatro


El teatro y la danza, han tenido la particularidad de hacer tambalear la morosidad timorata de las opiniones...


Si planteamos el problema de “construir pensamiento” sobre las artes escénicas del país, como si fuera un “enfrentamiento” con el Ministerio de Cultura y sus políticas, estaríamos reduciendo la discusión a lo que haga o deje de hacer esa instancia oficial. Nos parece más propicio destacar -tal como la revista viene proponiendo- lo que el trabajo de los creadores provoca en la sensibilidad social, en el imaginario colectivo y en políticas públicas. No hay otro camino más que el de la discusión, la reflexión y la síntesis que puedan estimular este otro “enfrentamiento” que con toda seguridad es mucho más amplio y generoso. Lo que sí hay que hacer es comprometer en esa discusión a otros sectores, afines o no. El cine, la literatura, las artes plásticas también tendrán algo que decir, sin duda, pero también los que están alrededor (o siendo parte) de las prácticas culturales; los que se “atraviesan” cuando el bailarín y coreógrafo Kléver Viera presenta su trabajo La Patria de enmedio y El piedrazo en la calle Junín o entre quienes después asisten al teatro. Tenemos que hablar de los procesos como parte constitutiva de ese quehacer y eso no pasa necesariamente por lo que piensa el Estado. Necesitamos otras voces para una comprensión más cabal de lo que se pretende hacer y frente a eso provocar una discusión y un debate que debe darse en el terreno llano. El teatro y la danza -un ejemplo- se tomaron la calle; ¿por qué no hacer lo mismo? Tomarnos la calle, como metáfora y acción constitutiva. ¿Por qué no diseñar estrategias que nos acerquen y aproximen a los hechos, sin interpuestas mediaciones? Me parece que también debemos romper paradigmas. ¿Estaremos viendo los procesos del arte y la cultura con ojos y miradas gastados? No lo sabremos hasta que no se resuelva ese proceso de reflexión compartido. La pregunta, entre otras, y que mediría nuestra capacidad de movilización y convocatoria, sería: ¿existe un pensamiento -ya no solo del teatro y la danza- que tenga como centro la ontología o es un pensamiento que ha sido capaz de circular entre esa ontología, las teorías modernas del sujeto y su propia historia? Porque estamos hablando de desplazamientos o de reubicaciones que han producido efectos diversos en la percepción y el pensamiento, reflejado en soportes y materiales diferentes, no solo políticos o ideológicos sino artísticos y éticos. ¿Transformar el sujeto contemporáneo, vacío, escindido? Esta lucha, estamos convencidos de esto, se está llevando a cabo en el terreno fecundo de las artes y la cultura, más allá de las contingencias. El teatro y la danza, han tenido la particularidad de “hacer tambalear la morosidad timorata” de las opiniones establecidas, oficiales o no. En eso debería consistir aquello de “pensar la danza y pensar el teatro”.

Fuente: El Apuntador - Santiago Rivadeneira


Te ha gustado este artículo ? Compártelo :

Twitter Facebook Google Plus Linkedin

Únete a la conversaciónCancelar

Nombre :

Correo electronico :

Comentario