Wilson Pico, un líder de la danza contemporánea


"Ingenuamente pensábamos que podíamos salir de la pobreza de un día para otro", cuenta el coreógrafo y bailarín Wilson Pico al evocar su niñez.


Quiso ser boxeador y torero como la mayoría de los niños que vivían en La Tola, tradicional barrio céntrico de Quito.

Esas figuras llamaban la atención por el éxito que tenían. “Ingenuamente pensábamos que podíamos salir de la pobreza de un día para otro”, cuenta el coreógrafo y bailarín Wilson Pico al evocar su niñez.

Llegó a la danza porque quería tener una novia. Y acudió en grupo con su hermano Julio, un primo y un amigo para sentirse seguro de la conquista. Pero la danza lo dominó primero.

Al principio, aprendió a bailar para ser un príncipe, porque esa era la imagen de interpretación que tenía el bailarín clásico. Cuando recuerda estas anécdotas solo ríe.

Su trabajo empezó por la vía clásica pero su concepto de la danza cambió con el tiempo y con una provocación que le hizo su maestra, Noralma Vera. Ella le dijo: “Si faltas una vez, ¡no regresas más, no te recibimos!”. Eso, en vez de asustarlo, le dio un coraje interior para seguir adelante, cuenta.

Con Vera aprendió las primeras posiciones dancísticas. El aporte como artista lo recibió no solo de las escuelas de danza de Quito, Nueva York y México, sino de experiencias emocionales y físicas como subir y bajar quebradas o correr por el Itchimbía, una loma desde donde se puede admirar el paisaje de toda la ciudad.

“Esa era la aventura más hermosa que teníamos de niños”, relata Pico, quien ya cumplió 43 años de trabajo escénico.

Su proceso de formación fue el de un autodidacta. Paralelamente tomó clases con el francés Pascal Monod, con los integrantes del Ballet Nacional de Guillermina Bravo, en México. En Nueva York con Louis Falco, entre otros.

En 1972 fundó en Quito el Ballet Experimental Moderno (BEM). En sus dos años de funcionamiento fue todo un laboratorio de la expresión corporal. Su creación fue amplia y llevaron danza a las cárceles, a los hospicios, a las calles...

En 1975, Wilson debutó como solista y para 1976 inició una gira por Latinoamérica. Por su trabajo se lo reconoce como el precursor de la danza contemporánea en el Ecuador.

Para llegar a este nivel pasó de bailar en dúo el Cascanueces en el Teatro Sucre a interpretar personajes de niños mendigos, cargadores, dictadores, a las mujeres proletarias, a las beatas, a los boxeadores.

Para ejecutar esas interpretaciones hubo un proceso de decodificar la figura clásica e inició sus propias búsquedas e investigaciones con su cuerpo.

Las funciones más importantes que recuerda no han sido en los grandes teatros. Señala que el público más importante no está en esos palcos dorados de escenarios enormes, en Los Ángeles, San Francisco, Nueva York o París. El ser humano está en todas partes. Y como profesional, dice, sale a bailar en Sangolquí (cantón Pichincha) igual que si saliera en Japón o Estados Unidos. Hay un nivel básico de respeto y entrega a la persona que acude a verlo, sostiene. Entre todos esos públicos recuerda con cariño al de Guayaquil. La primera vez que llegó a la ciudad, en 1968, era como ir al extranjero, relata. “Fue hermoso, un sueño que se hizo realidad. El público fue caluroso. Siempre me he sentido bien en esa ciudad”, cuenta.

Ahora, al cumplir más de cuatro décadas en la danza, y 60 años de edad, el maestro expresa no temerle a nada, ni siquiera a la muerte.

“Ahora cuando bailo no soy el joven de 25 años que se quería comer el escenario desesperadamente, ahora voy con calma, pero igual, cuando salgo al escenario sigo bailando, el rato que piso el escenario estoy vivo”, agrega.

Wilson Pico
Hace cinco años creó la Escuela Futuro Sí con el auspicio de Hivos de Holanda. Por esta escuela han pasado más de 600 jóvenes bailarines. Según el maestro, creó esta institución porque hubiera querido tenerla cuando empezó.

Con su nuevo grupo, que nació hace tres años con el nombre de Hilo de Plata, estrenará este 6 de mayo Las habitaciones del alma, junto con Ana Jácome y Miguel Jara.

Su vida y obra se recopilan en dos libros. Wilson Pico, 40 años en escena, realizado por Natasha Salguero, su esposa, y el libro Futuro Sí! La danza como un espacio de descubrimiento, que hace un recuento de su escuela de baile.

Fuente: eluniverso.com


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