Chaspishka, la música de Saraguro


El chaspishka es similar al albazo y al kapishka, que es propio de la Sierra Norte, pues tiene una figura rítmica similar, pero con sus particularidades que lo hacen diferente...


Hace 15 años, en un momento de aculturación intenso, el rock y otros ritmos urbanos se apoderaron del interés de los jóvenes en la comunidad indígena de Saraguro, fracturando la cadena que se había mantenido por generaciones para mantener vivo un ritmo tradicional de esta zona conocido como chaspishka, que ya no generaba interés.

“Nuestros jóvenes, nuestros niños, tenían vergüenza de tocar nuestra música”, señala Daniel Chalán, quien ha sido uno de los indígenas que trató de cambiar esa situación, lo que “afortunadamente se ha conseguido gracias a un proceso en el que se revalorizó lo ancestral, pero que no se ha limitado a conservarlo.

Antecedentes

El chaspishka es similar al albazo y al kapishka, que es propio de la Sierra Norte, pues tiene una figura rítmica similar, pero con sus particularidades que lo hacen diferente. “Tiene sus destiempos propios”, bromea Tupac Gualán, uno de los jóvenes que lo ha estudiado y lo está difundiendo. Otra característica de esta música es que tiene su danza típica, según destaca Martha Quizhpe.
 
Manuel señala que hace unos cuatro años el chas pishka se escuchaba nuevamente entre la comunidad, al tiempo que comenzó a existir interés en los conservatorios y la universidad por esta música que se transmitía de oído y que inició a escribirse para guardar un registro por primera vez, lo cual no solo sirve a los indígenas sino que permite su difusión al pueblo mestizo del país e incluso a gente de otras naciones.

“Los maestros ya lo tocan en el piano, en el violín, ahora la banda de pueblo ya incorpora nuestro ritmo, entonces cada año va creciendo el interés”, indica Manuel Chalán, destacando que una forma exitosa de difusión ha sido mediante el festival Wiñay Pacha que cumplió su segunda edición en diciembre pasado.

Recuperar lo ancestral

La primera edición de Wiñay Pacha se trató de un concurso en el que participaron agrupaciones de Azuay, Cañar, Loja y Zamora Chinchipe, teniendo como objetivo recuperar el chaspishka, mientras que para la segunda se propuso que los participantes creen algo nuevo en base a este ritmo ancestral, sin perder su esencia.
 
“Lo que buscamos es que el festival sea un punto de encuentro entre las comunidades y el centro de Saraguro, sin dejar de lado a los visitantes. En Saraguro ha habido una especie de separación cultural, lo mismo pasa con Loja, que aún nos sentimos diferentes”, destaca Tupac insistiendo en que se quiere lograr la unidad a través del arte.
 
Un aporte interesante para la última edición fue el del maestro Tadashi Maeda, quien estuvo en Saraguro para dirigir talleres sobre pedagogía musical, arreglos y composición musical con estilos nacionales, sobre liderazgo nacional, orquestación de ritmos nacionales.
 
Este festival ha ido acompañado de muestras gastronómicas y de eventos de moda, con el sentido de rescatar la tradición, pero dando la oportunidad a las nuevas generaciones de dar su aporte.
 
Martha Quizhpe indica que al tiempo de permitir a los artesanos demostrar su habilidad para elaborar las chaquiras, también ha dado la oportunidad a diseñadores indígenas de presentar nuevos modelos, vestidos.



Fuente: lahora.com.ec


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