Pensar la danza, pensar el teatro

El teatro y la danza, han tenido la particularidad de hacer tambalear la morosidad timorata de las opiniones...

Foto: Esteban Cuesta


Si planteamos el problema de “construir pensamiento” sobre las artes escénicas del país, como si fuera un “enfrentamiento” con el Ministerio de Cultura y sus políticas, estaríamos reduciendo la discusión a lo que haga o deje de hacer esa instancia oficial. Nos parece más propicio destacar -tal como la revista viene proponiendo- lo que el trabajo de los creadores provoca en la sensibilidad social, en el imaginario colectivo y en políticas públicas. No hay otro camino más que el de la discusión, la reflexión y la síntesis que puedan estimular este otro “enfrentamiento” que con toda seguridad es mucho más amplio y generoso. Lo que sí hay que hacer es comprometer en esa discusión a otros sectores, afines o no. El cine, la literatura, las artes plásticas también tendrán algo que decir, sin duda, pero también los que están alrededor (o siendo parte) de las prácticas culturales; los que se “atraviesan” cuando el bailarín y coreógrafo Kléver Viera presenta su trabajo La Patria de enmedio y El piedrazo en la calle Junín o entre quienes después asisten al teatro. Tenemos que hablar de los procesos como parte constitutiva de ese quehacer y eso no pasa necesariamente por lo que piensa el Estado. Necesitamos otras voces para una comprensión más cabal de lo que se pretende hacer y frente a eso provocar una discusión y un debate que debe darse en el terreno llano. El teatro y la danza -un ejemplo- se tomaron la calle; ¿por qué no hacer lo mismo? Tomarnos la calle, como metáfora y acción constitutiva. ¿Por qué no diseñar estrategias que nos acerquen y aproximen a los hechos, sin interpuestas mediaciones? Me parece que también debemos romper paradigmas. ¿Estaremos viendo los procesos del arte y la cultura con ojos y miradas gastados? No lo sabremos hasta que no se resuelva ese proceso de reflexión compartido. La pregunta, entre otras, y que mediría nuestra capacidad de movilización y convocatoria, sería: ¿existe un pensamiento -ya no solo del teatro y la danza- que tenga como centro la ontología o es un pensamiento que ha sido capaz de circular entre esa ontología, las teorías modernas del sujeto y su propia historia? Porque estamos hablando de desplazamientos o de reubicaciones que han producido efectos diversos en la percepción y el pensamiento, reflejado en soportes y materiales diferentes, no solo políticos o ideológicos sino artísticos y éticos. ¿Transformar el sujeto contemporáneo, vacío, escindido? Esta lucha, estamos convencidos de esto, se está llevando a cabo en el terreno fecundo de las artes y la cultura, más allá de las contingencias. El teatro y la danza, han tenido la particularidad de “hacer tambalear la morosidad timorata” de las opiniones establecidas, oficiales o no. En eso debería consistir aquello de “pensar la danza y pensar el teatro”.

Fuente : El Apuntador - Santiago Rivadeneira
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